convive VIII

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Año: 2013

Lugar: Yopal, Casanare

Entidades de apoyo: ONU Hábitat, Organización Mundial de la Salud, Programa Mundial de Alimentos, Politécnico Milano 

 

HÁBITAT CAMPESINO EN LOS LLANOS ORIENTALES

Colombia es un país sacudido por el conflicto interno desde hace más de cincuenta años. Con la llegada del 2013 y el anuncio de diálogos entre gobierno y guerrilla, se abre lo que esperamos sea una nueva época de paz para un país que necesita hoy como nunca salidas a las graves situaciones que este enfrentamiento entre hermanos ha traído, consecuencias que son particularmente visibles en crisis que significaron muerte, gigantescas migraciones internas, desplazamientos humanos que ponen al país con algunos de los peores indicadores del mundo en este aspecto, el abandono de nuestra ruralidad (aproximadamente el 75% de los colombianos vive en ciudades) y, ante todo, miseria y hambre para muchos en una tierra paradójicamente fértil pero que hoy se encuentra desposeída y en manos de pocos.

Esta versión del convivE propone a los participantes encarar la situación del Desarrollo Rural, de la restitución de los derechos a una vivienda digna y sana para quienes han sido desplazados por el conflicto, centrando la atención en la situación del Departamento de Casanare, una pieza vital en el desarrollo del sector agropecuario colombiano, el primer tema de nuestras conversaciones de paz.

Indudablemente, el reto de pensar un proyecto de desarrollo en el ahora de un territorio en el que todo falta, está condicionado por la aproximación a soluciones de baja tecnología y alto impacto, en el uso de los pocos materiales procesados que se encuentran en la zona, racionalizando recursos , en investigar alternativas para dar una segunda vida a lo que ahora vemos como basura, en la búsqueda de alternativas en materias primas y energéticas. En ello esperamos que las propuestas encuentren un rico aluvión para la aplicación de investigaciones que hoy sólo son lecturas especializadas para el uso académico, este convivE busca incentivar la aplicación de una perspectiva de innovación tecnológica y productiva.

Es precisamente en la búsqueda de una zona en la que la relación entre lo urbano y lo rural abra oportunidades conceptuales a quienes participan en el Concurso, en un territorio que hasta ahora no hemos tocado con las ideas de convivE: los Llanos Orientales colombianos, que hemos encontrado el Campus Utopía. En la búsqueda de iniciativas que ejemplifiquen la proyección social de las universidades y su papel en el cambio que esperamos en nuestro país, principios que motivan el concurso, encontramos este proyecto que busca formar en ingeniería agronómica a jóvenes desplazados por el conflicto para que vuelvan a sus zonas de origen y emprendan con sus comunidades proyectos de producción agrícola basados en modelos de participación e innovación productiva.

Por ese camino, pensamos en la necesidad de un proceso de reconciliación con las comunidades afectadas por la violencia que implica pensar en el desarrollo del campo, en la creación de oportunidades para el campesino, en cómo aportar a la calidad de vida de quienes nunca han conocido más que las condiciones mínimas del hábitat. Con el concepto de lo utópico recordamos que pensar el convivE significa pensar un momento de reconciliación entre los hombres, y de estos con su entorno natural, pero también que al hablar de los Llanos Orientales estamos en una narrativa que es la de un no lugar, la de un territorio que, aún cuando prospectivamente ha sido pensado como la gran despensa alimenticia del futuro -en cuanto su geografía permite el desarrollo de extensas zonas de cultivo con una mínima inversión en gastos asociados- también ha sido el lugar del abandono y el olvido, del descuido en infraestructura, vivienda, en el abandono de las condiciones mínimas para la vida, un lugar en el que no hay nada pero que necesita todo.

No se trata, por lo tanto, sólo del tema del desplazamiento, es abordar integralmente una propuesta de Desarrollo Rural en un territorio con una inmensa población flotante que hemos vuelto dependiente de los ciclos de extracción del petróleo y para la que, en un ámbito de innovación en tecnologías y procesos sostenibles, podríamos proponer mejores calidades de vida, pues ahora, a esta vulnerabilidad de lo extractivo se sumarán los problemas de los monocultivos y la extinción de la biodiversidad asociada a los mismos.

Dentro de esta vasta zona, la región geográfica comprendida por los departamentos de Arauca y Casanare presenta a quienes están familiarizados con la tarea que emprendemos, características comunes con otras versiones de este certamen de ideas: la presencia de una economía petrolera que genera particulares dinámicas para la capital departamental pero que, como toda economía extractiva, lega sus problemáticas consecuencias al futuro; una capital que se encuentra en un proceso de expansión urbana, pero que cuenta con escasas áreas en las cuáles proponer un adecuado desarrollo de lo urbanístico; la ausencia de un desarrollo rural integral que permita establecer los vínculos productivos que lleven progreso a las apartadas zonas de la llanura, que permita mejorar la calidad de vida de quienes viven en regiones apartadas de lo urbano. Todo ello aunado a los problemas políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales que caracterizan de manera general el subdesarrollo de nuestro territorio.

En medio de la discusión que siempre genera el pensar las pre bases del concurso, revisando leyes y analizando programas de desarrollo rural, tropezamos con una definición que ha sido el punto de partida para esta edición del convivE: la Unidad Agrícola Familiar, delineada así en la ley 160 de 1994:

Se entiende por unidad agrícola familiar (UAF), la empresa básica de producción agrícola, pecuaria, acuícola o forestal cuya extensión, conforme a las condiciones agroecológicas de la zona y con tecnología adecuada, permite a la familia remunerar su trabajo y disponer de un excedente capitalizable que coadyuve a la formación de su patrimonio.

De dicha definición ha surgido la idea de volver a la base del convivE, a pensar la vivienda, a repensar la unidad habitacional, la pequeña agrupación que genera una familia, una comunidad, el hábitat en su dimensión original para quien no posee más que una enramada en la que pasar los momentos más álgidos del rigor climático. Más que pensar una UAF, un subtítulo ligado a la necesidad de volver todo una empresa para un mundo pensado exclusivamente en términos económicos, queremos proponer que pensemos la familia campesina en su extraordinaria dimensión socio - cultural, pero también en sus necesidades, sus urgencias, sus angustias, sus carencias extremas; en el día a día de comunidades que carecen de los elementos esenciales para la vida y aún menos herramientas y materiales con los cuales salir de esta situación; centrarse en la vida en el llano profundo, alejado de la ciudad, que necesita estrategias técnicas y constructivas con las cuales enfrentar la ausencia de un hábitat de calidad en un momento en que, con la esperanza de la paz, debemos apoyar el retorno de quienes se marcharon por el acoso de los violentos.

Una unidad de vivienda y una forma asentamiento humano en la relación de sano equilibrio con su ambiente que denominamos sostenibilidad (entendiendo que la sustentabilidad es un primer paso de ese proceso que busca el desarrollo social) promoviendo valores en torno a la vida rural asociados a la Seguridad Alimentaria y Nutricional; ello partiendo de un desarrollo pormenorizado de la vivienda, que nos permita llevar algunos de los prototipos a la realidad para mejorar las condiciones de vida de desplazados por la violencia que encaran el proceso de volver a sus tierras en un territorio ávido de ideas que giren en torno a su relación con un mundo globalizado, he ahí la tarea de esta versión del convivE.

 Imagen tomada de: http://cuentaelabuelo.blogspot.com/2010_07_01_archive.html

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